nos vemos en los vidrios
exhibicionismo, crónico, latinoamericano, con inicios de calvicie

"Me identifico con el Atila enamorado del final de su vida. Con el Stalin adolescente de Tiflis. Con el místico (y secretario secreto de Sartre hasta su muerte) Benni Lévy deslumbrado por la trascendencia. Con el dios Pan y la niña Teresa de Ávila cuando quiso desterrarse. Con… Todas mis respuestas están sujetas a mi circunstancia: mañana podrían ser otras"

Fernando Arrabal (via elcabaretvoltaire)

Encontrado en la papelería de acá abajo… una imagen del futuro… cercano

Encontrado en la papelería de acá abajo… una imagen del futuro… cercano

Este es mi beta.

La euforia que sentí al encontrar esto es indescriptible

"Hay una gran diferencia entre el poeta que busca lo particular desde lo general y
el que contempla lo general en lo particular. Del primer procedimiento surge la
alegoría, en la cual lo particular sólo sirve como instancia o ejemplo de lo general;
el segundo, en cambio, es la verdadera naturaleza de la poesía: la expresión de lo
particular sin ninguna referencia a lo general."

Goethe

Salinger, en 1952

Salinger, en 1952

Nostalgia, de Alejandro Rubio

Cuando veo a dos putarracos

haciéndose arrumacos en la calle

me vienen a la memoria todas las humillaciones

que pasé en la primaria a causa

de mis rizos rubios y mi coxis saliente.

Si no me rompieron el culo en quinto grado,

fue porque Dios es grande y mamá me crió bien.

Pienso si a ellos les pasó lo contrario:

la cara metida en la taza, dos trabando los brazos,

un tercero clavando su cuerno entre las turgentes

prominencias blancas o rosadas como mejillas de moza.

Y cuando pienso que llevo seis meses

sin oler una almeja, me dan ganas

de volver a esos baños, de hundir la nariz

en aquel hedor a sudor lácteo y orín seco

y de una vez por todas sin miedo ni culpa

entregarme.

Trama

Una experiencia microscópica de clandestinidad, de observación de una dinámica en la clandestinidad, en un centro cultural. Nadie sabía todo de la organización, cada quien hacía una tarea, pero nadie sabía cómo funcionaba el resto. ¡Y eran cinco, o seis personas!

La cosa es que llego, se está hablando de comida para conservar: berenjenas en escabeche, tomates licuados y congelados. Y uno de los clandestinos recuerda: su abuelo guardaba la comida de manera desmedida (la tiesura a esta hora en la escritura se debe a que buena parte del caos fue sudado en hojas rayadas durante el resto del día, y también hay palotes), es decir, guardaba las botellas de salsa de tomate de a decenas, por decir algo, porque había estado en la guerra, claro. El que lo contó, aparentemente no se había dado cuenta de lo que iba a contar, porque cuando dijo “y cuando se murió nos lo bajamos todo en dos meses, un amigo y yo”, le dio risa, al escucharse, al darse cuenta de que su amigo y él, fumones, en el departamento del abuelo, se habían bajado en dos meses, durante los que no hicieron nada, la comida que su abuelo guardaba compulsivamente, por el recuerdo de la guerra.

Un buen cuento, dijo. Comienza cuando se están terminando todo (los frascos vacíos rodando por el piso, pedazos de berenjenas en escabeche pegados de las paredes), y retrocede en un flashback, a una imagen de su abuelo, adolescente, pasando hambre, en un refugio, donde escuchan retumbar las balas.

No se trata exactamente de lo mismo, pero entonces me acordé de El Capital, de Kluge.

(subtítulos en portugués, pero poniéndole onda se entiende)

Conversa con el gran Leónidas Lamborghini. “Cuando lo tienen todo armado… Vos ya sabés. Ta todo armadito ahí… Y no. El prolífico, el que produce es el caos. Uno no se puede mantener ahí mucho tiempo porque te volvés loco. Pero es el caos el que engendra la luz. Sin caos no hay luz. Y estos te vienen y te venden la luz, directamente. ¡Y es una lamparita, viste !¡Es una luz de lamparita!”

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